domingo, 31 de marzo de 2019

FIN DE CICLO



La difusión de un correo electrónico enviado por el alcalde, David de la Encina, a la directora gerente de la Fundación Andalucía Emprende, Vanessa Bernad, en el que se refería a sus obligaciones laborales y la mejor preparación de su candidatura a los comicios municipales de 2015, y la consiguiente postura de la asamblea y el consejo local de IU de romper el pacto de gobierno si el regidor no dimite antes de la primera hora del lunes, constituyen dos episodios más de la deriva del gobierno local.

El acuerdo forjado para impedir que el PP, la lista más votada, se hiciera con la alcaldía, por encima de las diferencias programáticas de sus firmantes, ha demostrado ser negativo para El Puerto. A la expulsión del tripartito de Levantemos al año de la rúbrica, con la posterior creación de un bipartito en minoría, se une ahora la solicitud de dimisión del alcalde por parte del socio de gobierno que quedaba, dimisión para la que pide que el PSOE intervenga por tierra, mar y aire, dimisión que, si no se produce, supondrá mañana la previsible ruptura del pacto y dejar al frente del Consistorio a un ejecutivo de 6 concejales (ni la cuarta parte de la Corporación, que forman 25 ediles).

El Puerto de Santa María no se merece esto. Desde el obvio respeto democrático a todas las formaciones entiendo que quienes ya han demostrado tal hoja de servicios carecen de elementos para hacer pensar que los próximos cuatro años sean más provechosos de lo ya visto, como entiendo también que los partidos que, resguardados bajo su marca, retrasan hasta el último momento la presentación no ya solo de sus listas sino incluso de quien las encabeza, conducen con su actitud a recelar de su facultad transformadora.

Frente a esas circunstancias, creo que el proyecto que lidera Germán Beardo en el PP, un proyecto con buenos profesionales para las distintas áreas de gestión, se erige como el más convincente de los que se presentan a las elecciones municipales del 26 de mayo, como el más capacitado para conseguir que El Puerto de Santa María sea esa ciudad que los portuenses piensan que puede llegar a ser, una ciudad que ponga en valor su indudable potencial.

Francisco Lambea 
Diario de Cádiz
31 de marzo de 2019


domingo, 17 de marzo de 2019

UN PEPRICHYE ETERNO



El Plan Especial de Protección y Reforma Interior del Conjunto Histórico y su Entorno, Peprichye, no va a estar aprobado durante este mandato. Otra gestión que el alcalde, David de la Encina, y su tripartito inicial y bipartito minoritario posterior dejan pendiente, aumentando el limbo de proyectos no cumplidos, limbo que, de tan poblado, va adquiriendo corporeidad.

La luz verde al Peprichye tarda tanto que su nombre, de pronunciación ardua, se ha hecho cercano, de forma que el acrónimo se usa ya con una cierta confianza familiar. La burocracia siempre reserva una sorpresa, un último plácet necesario para dar curso a otro imprescindible y así hasta la noche de los tiempos, de forma que la ciudad sigue sin el documento mientras las casas palacio dejan progresivamente de ser lo primero y, por ende, lo segundo.

Pasados cuatro meses de su entrada en el Registro Municipal, una vez la empresa Territorio y Ciudad culminó su redacción, el itinerario de la particular travesía del desierto del Peprichye requiere ahora un informe de la Intervención general. Llegados a este punto los portuenses tienden a pensar que lo lógico sería que la Intervención interviniera, dándole prioridad al texto. Pero no. El primer edil rehúsa comprometerse a una fecha (compromiso que, en cualquier caso, sería recibido con casi unánime escepticismo), argumentando que dependerá de la voluntad del citado ente administrativo, que, según se ve, goza del envidiable privilegio de manejar sus propios tiempos: ninguna libertad mayor que aquella no sometida a la aspereza matemática de la cronología.

Tampoco la Intervención será la última parada de tan kilométrico viaje, en cuya hoja de ruta se escalonan la junta de gobierno local, el BOE, la exposición pública de 30 días con sus noches, las previsibles alegaciones y sus oportunas respuestas, derivando en una aprobación plenaria que ha de ser doble, etapas todas contempladas en la normativa, aunque yo no descartaría el surgimiento de alguna más.

El Puerto de Santa María necesita la mayor agilización posible para aprobar el Peprichye y empezar a atender todo cuanto en el casco histórico requiere decidida actuación.

Francisco Lambea
Diario de Cádiz
17 de marzo de 2019


domingo, 3 de marzo de 2019

LA URGENCIA, DESATENDIDA




El ayuntamiento de El Puerto continúa sin liquidez. Una de las numerosas entidades afectadas es Anydes, que espera la subvención correspondiente al año en curso (son 15.000 los euros adeudados), en una desagradable situación ya sufrida por el colectivo anteriormente y que en la actualidad provoca que ni siquiera acoja a nuevos usuarios.


La coyuntura se hace más dolorosa dado el perfil de la institución, que intenta ayudar a los que menos tienen o a los que nada poseen. Sorprende que un gobierno formado por PSOE e IU presente tantas dificultades para sostener a un organismo de esta naturaleza: hay que llenarse menos la boca hablando de política social y llenar más las cuentas de quienes se dedican a ella.


Al parecer se está a la espera de que la intervención municipal otorgue el visto bueno a unas facturas atrasadas para poner en marcha un nuevo convenio, pero lo cierto es que la burocracia camina por un lado, pisando sobre cómodas alfombras, y las penalidades de la calle transitan por otro. Las cosas de palacio van despacio y, como El Puerto es la ciudad de los cien, parece multiplicar la lentitud por dicho guarismo, en correspondencia matemático-arquitectónica.


Si los usuarios de Anydes se dedicaran como otros colectivos a manifestarse, más o menos virulentamente, en la Plaza Peral o en el interior del edificio consistorial exigiendo soluciones es seguro que las trabas administrativas se solventarían con mayor rapidez. Pero esa es una de las paradojas de nuestro tiempo: que quienes requieren ayuda con preferencia a los que se ubican detrás de una pancarta al cabo ni siquiera protestan e incluso ni ejercen su derecho al voto, actitud que se paga ante gobiernos que actúan a golpe de imágenes e intereses electorales.


Ningún ayuntamiento anda sobrado de recursos pero el portuense se encuentra especialmente débil, insolvencia aún más chocante si se observa la magnitud de los tributos que abonan sus ciudadanos, como cada año acredita el informe de la Confederación Provincial de Empresarios, que ubica algunos epígrafes, como el IBI, en la zona alta de un ranking compuesto por 45 municipios.






Francisco Lambea


Diario de Cádiz


3 de Marzo de 2019



domingo, 17 de febrero de 2019

EL GOBIERNO ENCALLADO



Hay imágenes que se transforman en metáforas que trascienden su aparente y limitada realidad. La escena del velero encallado junto al espigón de la playa de La Puntilla, lienzo que en el cercano abril, si nadie lo remedia, cumplirá el año de exposición pictórica, simboliza el encallamiento que sufre la ciudad en diversos ámbitos.

Piensa uno que no debe ser tarea tan compleja retirar esa embarcación antes de que la naturaleza, en labor silente pero eficaz, se encargue de desguazarla, pero ahí sigue, cual peculiar pecio, ante las cada vez más indiferentes miradas (no hay fuego más abrasador que el de la costumbre).

A unos kilómetros de ese velero de eslora generosa, a merced de las mareas desde que su tripulante (quien, por fortuna, no sufrió daños) se viera incapaz de gobernarlo por la esquiva meteorología de la ya lejana tarde del 10 de abril, subsiste el encallamiento de las obras del parking subterráneo de Pozos Dulces. Contra la quietud del paisaje que conforman grúas y socavones encallan las esperanzas de los empresarios aledaños, que siguen pagando sus impuestos como si nada hubiera ocurrido, mártires ante la adversidad.

A pocos centenares de metros de ese amasijo de tierra despanzurrada encalla también el proyecto de una estación de autobuses, equipamiento que, sin haber visto aún la efigie geométrica de un humilde ladrillo, atesora todas las modalidades posibles de conflictos que un plano arquitectónico pueda atravesar. Algo más lejos, una infraestructura ya construida, el centro de salud Ángel Salvatierra, ubicado junto a la avenida Ronda de Valencia, retrasa su entrada en funcionamiento… porque hay que resolver su acceso.

Encallada está también la situación del casco histórico, que une al conocido hándicap de la despoblación y a los desprendimientos plebeyos que sufren algunos de los otrora cien palacios la dolorosa estampa del progresivo cierre de comercios, unos establecimientos que son noticia por la jubilación de propietarios históricos en lugar de por el volumen de sus ventas.

Así van quedando, uno tras otro, muchos sueños encallados por un equipo de gobierno encallado.

Francisco Lambea
Diario de Cádiz
17 de febrero de 2019

domingo, 3 de febrero de 2019

DE LA EDUCACIÓN ACTUAL


El sicólogo Javier Urra ha ofrecido una charla en las instalaciones del colegio “El Centro Inglés” con un clarificador título: “Déjale crecer: riesgos de la equívoca educación sobreprotectora”. Psicólogo forense especialista en sicoterapia y pedagogo terapeuta, Urra cuenta con una larga trayectoria que le ha llevado a escribir diversos libros sobre educación infantil y ofrecer numerosas charlas. Doscientas personas acudieron a la cita, en la que dijo cosas certeras como que “conocer las adversidades también enriquece”  o que “actualmente hay que educar no solo a los niños, sino también a los padres”.

A mi humilde juicio, uno de los mayores problemas que padece la educación es el buenismo. El buenismo se traduce, por ejemplo, en quitarle autoridad al profesor, no vaya a ser que el alumno desobediente adquiera un trauma del que no pueda liberarse en toda su vida: es así que se otorga a los gamberros el derecho preferente a molestar a quienes cometen la osadía de querer aprovechar las clases. Otra de las manifestaciones buenistas consiste en querer eliminar los deberes o en permitir la impunidad del acosador a costa del sufrimiento del acosado. Otra es interpretar la evaluación negativa del informe Pisa como una afrenta a determinada comunidad, en lugar de plantearse si tiene razón y, en caso positivo, cuáles son las actuaciones para mejorar esos índices. O creer que la panacea está en disminuir el número de alumnos por docente o que el aprendizaje no tiene por qué implicar esfuerzo.

Por puro sentido común deduce uno que la sobreprotección a los escolares corre un serio riesgo de generar personas carentes de resiliencia una vez la vida les obliga a abandonar el acogedor útero familiar.

La conferencia de Urra se enmarca en las actividades y charlas públicas que El Centro Inglés viene organizando con motivo de sus 50 años de vida. Cumplir 50 años no es fácil para una empresa, tampoco para las educativas. En este caso hablamos además de una entidad que ha crecido mucho y bien y que supone uno de esos emblemas de los que El Puerto de Santa María puede presumir. Felicidades por ello.

Francisco Lambea
Diario de Cádiz
3 de Febrero de 2019


domingo, 20 de enero de 2019

DE CHARO Y LOS CHURROS




El pleno ordinario del mes ha acordado por unanimidad homenajear a Rosario Salguero Venegas, conocida como Charo la de los churros, con una placa que se colocará junto a la Plaza de Abastos, donde tiene su puesto desde hace décadas. La luz verde a una moción conjunta de los cinco grupos representados en la Corporación supone un nuevo paso en un reconocimiento precedido de una campaña popular de recogida de firmas.

Yendo por delante mi felicitación a Charo, que recibe así un hermoso detalle a muchos años de trabajo, de la noticia plenaria han derivado en mí variopintas reflexiones. Una de ellas es la raigambre popular de que goza este producto, el churro, y el afecto que se suele deparar a quienes los elaboran, hasta el punto de incorporarles como parte grata del paisaje, como elemento casi inherente (¿quién no ha sentido alguna vez un vacío existencial cuando creía próxima una freidora dispuesta y topa con la dura realidad de la chapa candada?).

Otra es la injusticia de la expresión “hacer un churro”, en referencia a la mala ejecución de algo, cuando la realidad es que estamos ante un producto gastronómico exquisito que no merece tan denigrante metáfora.

También divago sobre esa dicotomía entre el churro fino y el gordo. No sé si se deberá a la costumbre o a otros factores pero una de las cosas que me llamó la atención recién llegado a El Puerto desde mi Villanueva de la Serena natal era la predilección portuense por la finura cuando en Villanueva se daba por sentado que al churro le correspondía un generoso ancho de talle. Dispuesto a salir del armario churrero, confieso que una de mis añoranzas me lleva a ese final de dimensiones más rotundas que el tramo anterior, ligeramente refritado, conocido como la cabeza, donde los sabores parecen concentrarse al crujir del diente y que escapa a la estricta geometría de la denominada porra, segmento longitudinal sin la gracia del remate.

Algunos de mis recuerdos infantiles me conducen a esa mezcla de harina, agua, aceite y sal. Todo aquello que evocamos con cariño se viste de una singular trascendencia: la trascendencia que tienen, también, esos churros que ya nunca volverán.



Francisco Lambea

Diario de Cádiz

20 de enero de 2019