viernes, 3 de agosto de 2012

EN RECUERDO DE MARUJA

He sentido la muerte de Maruja Romero, viuda del poeta José Luis Tejada. No llegué a conocer personalmente a su marido (falleció en 1988 y yo arribé a El Puerto tres años después) pero sí tuve la oportunidad de conversar, en varias ocasiones, con su esposa.

Durante algún tiempo me acerqué hasta su casa, anexa al Palacio de Araníbar, en la Plaza del Castillo de San Marcos, para llevarle las copias que solicitó a Telepuerto de todo lo que guardáramos sobre José Luis Tejada. La inauguración del Paseo que lleva su nombre, en las inmediaciones de la playa de la Puntilla, o los simposios que hace años se organizaban en torno a la obra del escritor, fueron vídeos que acogió con alegría y gratitud infinitas, insistente siempre en que le procurásemos todo nuestro almacén al efecto bajo un previo pago que nosotros siempre declinamos.

Hacía algún tiempo que no la veía. Como suele ocurrir en estos casos, cuando alguien se marcha, la memoria va devolviendo diversos momentos, y entre ellos asoma su asistencia a la presentación de mi primer libro, “Meditación de tu nombre”, en aquella, tan encendida para mí, noche de noviembre. He retornado a la biblioteca para tomar entre mis manos un libro que ella me regaló en una de mis visitas a la casa: “Poemía”, recopilación de la obra de Tejada que el Servicio de Publicaciones de la UCA editó en 1985.

Ahora que Maruja anda ya con José Luis por ese territorio distinto al único que nosotros conocemos, me emociona recordar la devoción que su viuda mantuvo durante casi un cuarto de siglo, venciendo siempre a la ausencia. Él era consciente de cuánto debía a su esposa. “Reconoce su deuda para con la amada” supone un vibrante soneto que termina señalando: “Soy tan de ti, me siento tan contigo/ entrampado de amor hasta los huesos/ que por ver de pagar me he puesto en venta./ Pregono el verso y vendo cuanto digo./ Abierta está la caja de mis besos/ y no me quieres tú pasar la cuenta”.

Ojalá que el tiempo permita la realización de uno de los sueños que Maruja dejó aquí pendiente: la edición de las “Obras Completas” de su marido, una ilusión por la que me consta luchó con fuerza.

Francisco Lambea
Diario de Cádiz
5 de Agosto de 2012



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