domingo, 29 de marzo de 2015

EXTRAPOLACIÓN INERCIAL


Los dos grandes vencedores de las votaciones autonómicas en El Puerto son Podemos y Ciudadanos. En el caso de Podemos (8.431 votos) es más imprevisible la traslación al resultado municipal, pues no concurrirán con ese nombre, sino con el de Ganemos, una suerte de franquicia que despista al elector, pero en el del partido de Albert Rivera (5.394) resulta obvio que, por mucho que se trate de comicios distintos, las huestes del otrora Independientes Portuenses reciben una alta dosis de moral, muy conveniente para su coyuntura (no se enfrenta uno a las urnas con el nombre cambiado todos los días).

El Partido Popular esgrime el hecho de seguir siendo la fuerza más votada con sus 11.407 papeletas, un dato no baladí cuando se observa que Podemos ha ganado en la ciudad de Cádiz (en mi opinión el resultado más sorprendente de todos los deparados por las elecciones andaluzas), pero la pérdida de 5.600 apoyos sobre las regionales anteriores debe inquietar en la formación.

Los socialistas, con sus 8.810 votos, mantienen el tipo sobre los poco más de nueve mil recibidos en 2012. Mayores motivos de preocupación hay para una Izquierda Unida que pasa de 4.660 a sólo 2.588, muestra del arrasamiento coletero, y no digamos ya para el Partido Andalucista, con mucho el gran derrotado de la cita. El candidato a la presidencia de la Junta, el portuense Antonio Jesús Ruiz, ha recibido la colaboración de 1.406 paisanos, cifra muy inferior a los 2.526 que hace tres años apoyaron a una candidata cuyos apellidos sólo recuerdan los politólogos más concienzudos.

El pésimo resultado del PA, que lo condena a seguir careciendo de  representación en el Parlamento, coloca a la candidatura que encabeza Carlos Coronado en una posición de salida muy incómoda. A Coronado le queda un duro trabajo por delante para evitar que el poder andalucista en el salón de plenos retorne a uno o dos concejales cuya importancia dependa del capricho de las matemáticas.


El panorama tampoco es optimista para una UPyD a la que las votaciones de los andaluces han abocado a la mayor crisis de su historia. Milagros Domínguez tiene ante sí un reto más arduo del que esperaba. 

Francisco Lambea
Diario de Cádiz
29 de Marzo de 2015

domingo, 1 de marzo de 2015

FATALISMO CONGÉNITO


Algunos de los paisanos cuyas bocas proclaman de continuo que El Puerto está muerto son las primeras plañideras y los cadáveres iniciales. Admitiendo que la ciudad presenta carencias, que en los últimos años la gestión pública no siempre ha estado comandada por el acierto (la de todas las administraciones, no sólo la municipal) y, sobre todo, que la situación económica inspira lógica y profunda desazón, uno tiende a pensar que varios conciudadanos padecen un plus de apatía sin remisión posible.

La actitud negativa llega a tal extremo que hay quienes, obviando, por citar un ejemplo concreto, el relanzamiento que experimentan los carnavales, defienden la peregrina teoría de que el Consistorio los borre del calendario festivo bajo el irrefutable argumento de que los de Cádiz son mejores. La ciudad está superpoblada de daagüas,  dalevantes y funerarios de variopinto pelaje. Un heterogéneo grupo de cenizos que se sienten injustamente tratados por el destino cruel que ha dado con sus huesos en unos predios repletos de inútiles, gravosa carga que ellos, brillantes inteligencias condenadas al anonimato ante mediocridad tanta, se ven obligados a soportar.

A pocos de ellos se les conoce propuesta concreta, acción puntual, gesto solidario, invención milagrosa: se limitan a criticar aquello que se mueve, cualquier iniciativa que se emprenda. Tan sólo la Feria parece escapar a ese pesimismo enquistado que obvia potenciales como el clima (la humedad es insoportable), las playas (hay que pagar por aparcar), la motorada (genera ruido y sólo gana dinero Romerijo), la vela (exclusividad de ricos), la programación cultural (entradas prohibitivas), el patrimonio histórico (se cae de viejo), el altruismo (algo estará buscando)…


Hay presentaciones de libros, conferencias, debates, talleres, exposiciones, proyecciones cinematográficas o eventos deportivos a los que apenas acude el público, parte del cual es el mismo que arrellanado en el butacón de su casa o acodado sobre la barra del bar esgrime su teoría invariable de que “en El Puerto no hay ná”. Sí hay, con absoluta seguridad, algo: su fatalismo tan congénito como tedioso.

Francisco Lambea
Diario de Cádiz
1 de Marzo de 2015