miércoles, 28 de julio de 2010

LA VICTORIA DE UNA NACIÓN

VIENDO a los portuenses festejar en la Plaza de la Noria el triunfo en el Mundial de Fútbol, a tantos y tantos españoles en su tierra y fuera de ella celebrando la victoria de una ilusión tan volátil durante décadas, son varias las sensaciones que a uno se le agolpan en el agitado compás del corazón, en el sinuoso cauce de la memoria.
Uno de esos razonamientos me lleva a la importancia del deporte, una magnitud quizá excesiva en algunas ocasiones, pero que se manifiesta en otras de una utilidad y oportunidad sencillamente tremendas.
La vida es, a veces, tan paradójica que 11 futbolistas desplazando una pelota sobre la hierba de un lejano territorio en el que África casi se vence al mar, han hecho más por la unidad e imagen de un país llamado España que, por ejemplo, seis magistrados del Tribunal Constitucional que entienden básicamente conforme a la Carta Magna un Estatuto catalán cuyo espíritu secesionista no es otro que el de violarla.Tras un gol marcado por un joven de Fuentealbilla, un pueblo de 2.000 habitantes sitos en el noreste de Albacete, provincia que apenas mencionan en su día a día los medios de comunicación con sede en Madrid, brilla un trabajo más eficaz en pro de una nación centenaria que el que se esconde en una alambicada interpretación de las leyes que alivie los problemas del presidente del gobierno de turno.
Nunca tan pocos consiguieron tanto: ojalá que el éxito obtenido por una mágica generación de futbolistas, bajo la batuta de un entrenador cuya sapiencia técnica se empareja con su calidad humana, sirva para que, por fin, se rompan esos estúpidos complejos en torno a una bandera democrática que representa a todos aquellos a los que nos gusta ser españoles, a todos aquellos que queremos a España y deseamos lo mejor para ella, una bandera que sólo incomoda a progres despistados, esnobistas sin rumbo e independentistas anclados en un victimismo absurdo e insolidario.
Sólo me resta solicitar el apoyo para "la otra roja": la camiseta del Racing. Los abonos (la tribuna, 60 euros, la preferencia, 40), más baratos que nunca.
Francisco Lambea
Diario de Cádiz
22 de Julio de 2010

jueves, 8 de julio de 2010

EL SUEÑO PERPETUO

Cada vez que paseo por Puerto Sherry me invade la sensación de que el complejo, uno de esos proyectos que acaba perdiéndose en una maraña de fases arquitectónicas y convenios administrativos que escapan al coeficiente intelectual medio, parece llamado a algo que nunca acaba de ser, y las expresiones "sueño perpetuo" o "promesa eterna" acuden a mi mente con una constancia pertinaz.
En Puerto Sherry, pese a reconocerle algunos efectos benéficos para la ciudad, menos la instalación puntera de resonancia nacional que se prometía, hemos visto ya de todo, incluida la sofisticación y el glamour financiero de los inversores árabes. Para apuntalar la imagen que transmite el lugar se pudo asistir recientemente, retirados ya los efectos del dulce síndrome de Estocolmo que inspiraba el secuestro de Autoridad Portuaria, a una decena de despidos de trabajadores perfumados con la indiferencia de administraciones que, pudiendo presionar en su favor, se abstuvieron de hacerlo, dejándolos abandonados a su suerte en medio de la peor crisis económica en décadas (inconvenientes de no tener la nómina en Delphi y carecer de número suficiente para la resistencia callejera).
Los ciudadanos tienden a pensar que, más que el trampantojo ubicado sobre lo que quizá un día acabe siendo un apartahotel (término que puede significar que se deja a un lado el hotel y, por ende, el uso turístico), el trampantojo en sí lo conforma parte del enclave (bautizado con el escepticismo de una ciudad ya de por sí cainita), que actuaría de disfraz de aprovechamientos urbanísticos multiplicados con una profusión de panes y peces infinitos, al amparo de planes parciales sin fin total que se sustancian, si no en un mandato, al siguiente.
Cuando pase la crisis y nadie se acuerde de la subida del IVA ni de las agencias de calificación, retornará el ladrillo (que siempre vuelve, como el Real Madrid, según Di Stéfano) y retornarán también las velas a ahogarse en el tapiz del cielo: nunca un puerto deportivo azul y blanco tuvo más que ver con el gris cemento y rojo ladrillo de la tierra firme.
Francisco Lambea
Diario de Cádiz
8 de Julio de 2010