jueves 12 de noviembre de 2009

TRISTE RÉCORD

La historia no sólo se escribe con frases ampulosas y solemnes, muros que se caen, enfermedades que se vencen, políticos que se encarcelan; también las estadísticas se incorporan a los anales, informando y sensibilizando a quienes deseen sobrepasar la aparente ataraxia de los números. Hace unos días hemos sabido que el mes de octubre se cerró en El Puerto con la cifra récord de 10.039 parados, superando la barrera sicológica (linde sólo existente para la tecnocracia, pues cada cual tiene bastante con su frontera particular) de los 10.000 inactivos.
Los tiempos, en este mundo global de gerencias cada vez más particularizadas, son poco proclives para la esperanza. La principal preocupación de los sindicalistas sigue siendo la de perpetuar sus prebendas, esa condición tan genialmente definida como liberada, pues nada se acerca más a los gozos y placeres de la libertad, por lo que los seres sin oficio les importan menos que los asalariados que concurren a las elecciones sindicales; mientras, parte de la clase política se afana en mantener sus actas o la aún más confortable tipología de los despachos, toda vez que las mesas también proporcionan suculentos salarios y eximen a los privilegiados de someterse al escrutinio, siempre arduo, de la opinión ciudadana.
Todo esto ocurre cuando incluso la propia administración envía al desempleo a sus administrados decretando el cierre de empresas, como sucederá en pocos meses con las televisiones locales que no han conseguido licencia de TDT, mientras los cargos responsables de la Junta y del PSOE exhiben hasta la fecha una indiferencia tal sobre la suerte de los damnificados que a uno le resulta absolutamente impropia en quienes gustan de autocalificarse como personas de izquierdas, condición que acostumbra a presumir de conceptos como ética o vergüenza y de prácticas como mostrar inquietud por el sino de agraviados sin culpa alguna.
Más que por el texto constitucional, España aparece articulada por la desazón con la que millones de personas observan el panorama económico.
Francisco Lambea
Diario de Cádiz
12 de Noviembre de 2009

jueves 29 de octubre de 2009

FUSTEGUERAS

Dios hizo el mundo en seis días y Fustegueras lo reordenó en sólo uno.
Confieso que, más allá de algunas preguntas en esporádicas ruedas de prensa, no he llegado a entablar conversación con Manuel Ángel González Fustegueras, director de la empresa Territorio y Ciudad, redactora del Plan General de Ordenación Urbana a cuya aprobación provisional 2, salvo sorpresa mayúscula, dará su asentimiento el pleno extraordinario de hoy, pero no tengo inconveniente en reconocerle mi admiración. Que en un país tan encanallado como éste un profesional liberal, como dicen los epígrafes burocráticos, sea capaz de trabajar con el PP y con el PSOE (y hasta con independientes y comunistas irredentos que habrá por ahí) y además provocar en alcaldes y tenientes de alcalde de urbanismo de tan diversos pelajes esa suerte de trance místico, de posesión celestial, cada vez que toma la palabra supone un arte al alcance de muy escasos mortales.
Fustegueras, al frente de los planeamientos de Sevilla, Marbella, Chiclana, Los Barrios o Jerez, parece esconder, tras su estética colega, una persona cuya determinación se muestra capaz de planificar el interior de los agujeros negros de Hawking en dos trazos y seis meses menos de lo estipulado en el pliego de condiciones cósmico. Algo ha de tener este hombre, al que los PGOUs deben salirle por las orejas, para que cada vez que protagoniza una comparecencia te entren ganas de invitarle a tu casa y pedirle asesoramiento sobre la distribución de los tresillos.
Dicho urbanista (un urbanista es un arquitecto, pero en intelectual), Visitante Ilustre de la Ciudad de Montevideo, ha conseguido un grado identificatorio tal entre los planes generales y su persona que vamos camino del cambio de denominación, por lo que no será extraño que, en breve, en lugar del manido acrónimo se emplee su segundo apellido para referirse a estos documentos, en justa metaforización administrativa y estricta denominación de origen.
Poco después de la luz bíblica se hizo la iluminación de Fustegueras.
Francisco Lambea
Diario de Cádiz
29 de Octubre de 2009

miércoles 28 de octubre de 2009

ALBERTI Y LA POESÍA
























TODO LO QUE RAFAEL ALBERTI SENTÍA TERMINABA ALZÁNDOSE AL RANGO DE POEMA, POR LO QUE SU OCEÁNICA VIDA SUPONE UN EXCEPCIONAL LEGADO LITERARIO CUYO VALOR MERECIÓ UN PREMIO NOBEL QUE NUNCA LLEGÓ

Toda obra poética, casi por definición, camina íntimamente ligada al itinerario personal de quien la firma: esa máxima se cumple, con minuciosidad, en Rafael Alberti, lo que explica la magnitud oceánica (la elección y polisemia del término, como habrán deducido, no es casual) de sus versos y la variedad temática abarcada, en correspondencia a un espíritu abierto, una inquietud multidisciplinar y una biografía surcada por continuos viajes (el viaje es siempre una búsqueda y la búsqueda es siempre la vida). Todo lo que Alberti sentía se elevaba al rango ontológico de poema, de modo que su existencia deviene en legado literario, un legado que el portuense, que atesoraba en el lenguaje su oxígeno, habría querido infinito: “Tú sabes bien que en mí no muere la esperanza, /que los años en mí no son hojas, son flores,/ que nunca soy pasado sino siempre futuro”.
Porque Alberti no es sólo el poeta del mar, su imagen más conocida, y también difundida, con coronar tan elevadas cimas Marinero en tierra u Ora marítima, ni tampoco es sólo el poeta del compromiso político con el comunismo, el desterrado, como reflejan De un momento a otro, Capital de la gloria, Vida bilingüe de un refugiado español en Francia, 13 bandas y 48 estrellas o La primavera de los pueblos; Alberti es también el poeta que se rinde a la pasión por el dibujo y el color, según denota A la pintura, un libro nunca suficientemente exaltado, un caballete de formidables malabarismos conceptuales, o Los ocho nombres de Picasso, ese diario de dos genios y el intelectual agradecido a quienes le acogen en su exilio (Baladas y canciones del Paraná, Canciones del alto valle del Aniene).
La obra albertiana, además, no podía dejar de referirse a las relaciones sentimentales y así atraviesa los tres grandes estados: el rechazo, desengaño del que nace Sobre los ángeles, (“Ni sol, luna, ni estrellas/ ni el repentino verde/ del rayo y el relámpago,/ ni el aire. Sólo nieblas”), la relación contradictoria en la que “Ya no quisiera más verte en la vida/ aunque te quiero ver a cada instante” (Amor en vilo) y la plácida correspondencia sentimental, como muestran poemas del monumento a la nostalgia que constituye Retornos de lo vivo lejano (“Porque habías, al fin, aparecido”, evoca el momento en el que conoció a María Teresa León) o, más tarde, Canciones para Altair (“Tú a todos los apagas, Altair, con tu brillo/ temblor irresistible, capaz de derramarse/ bañando los ansiosos labios del universo”, le inspira María Asunción Mateo).
El poeta es también el padre que canta a su hija en composiciones de Pleamar (“Para ti, niña Aitana,/ remontando los ríos, este ramo de agua./ De agua dulce, ramito, que no de agua salada”) o de Poemas de Punta del Este y el ser humano que se rebela contra el inexorable paso del tiempo en Versos sueltos de cada día.

SU TALENTO BRILLA POR ENCIMA DE TEMÁTICAS Y ESTRUCTURAS
Transgresor de tantos convencionalismos (incluidos los académicos, alcanzando el grado de doctor honoris causa por varias universidades cuando no había aprobado cuarto de bachillerato, algo que sólo se puede conseguir desde la más excelsa singularidad), Alberti fue, como gustó de definirse, un “poeta en la calle” (así tituló, de hecho, uno de sus libros), un autor que se negó a que su obra se limitara al intrínseco formato del papel, de manera que los versos encontraron en su voz, en su personalísima forma de recitar, la mejor caja de resonancia (“Y perdonen si prefiero/ ser poeta aleluyero/ a aquellos tan inspirados/ que al fin se mueren sentados”). Esa presencia refleja, en muchísimas ocasiones, su ferviente compromiso comunista, según se observa, por ejemplo, en “Nuevas coplas de Juan Panadero”, donde escribe “Pon tu voto a trabajar:/ Vota al PCE, y voto a voto/ lo harás más grande que el mar”, un volumen donde no duda en responder, con ironía insuperable, a aquellos que lamentaban su férreo componente ideológico (“¡Pobre poeta perdido!/ Pasar de Sobre los ángeles/ a coplero del Partido!”).
Con esa difícil facilidad que caracteriza a los grandes, supo acometer estructuras gongorinas y romances populares, ceñirse a la métrica con ortodoxa aplicación (su virtuosismo sonetista, probablemente no abordado con la justicia que requiere, resulta innegable, así como el donaire con que se desenvuelve en las asonancias) o lanzarse a pergeñar vocablos de cosecha propia en el más anárquico verso libre, ensalzar con brillantes y denostar con saña.
Alberti fue un poeta cuya relación con Cádiz no se circunscribe únicamente al paisaje marino o a la luz inmarcesible: la gracia típicamente gaditana impregna varias de sus piezas, ese peculiar sentido del humor cuya honda filosofía vital sólo pueden entender quienes han tenido la dicha de nacer, o de vivir, en esta tierra y de la cual hay evidencias especialmente significativas en sus últimos años, aunque ya mucho antes se destila en su reconocimiento al cine (Yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos), en invectivas contra Franco, Hitler, Mussolini o la Iglesia de aquel tiempo o en Roma, peligro para caminantes.

SU VITALISMO ANHELÓ LA INMORTALIDAD, SU OBRA LO HACE ETERNO
Alberti transitó por los versos con la naturalidad de quien lo hace por un sendero carente de secretos, fue un poeta “arrebatado por las letras” que mereció el Nobel: el 29 de Octubre de 1.999, un día después del fallecimiento del portuense más universal de todos los tiempos, Manuel Vázquez Montalbán publicaba en “El País” que “El gran poeta pagó el precio de un intento de rebajarle en el mercado de lo selecto que tuvo, entre otros efectos, que no se le diera el Nobel y sí se le diera a Aleixandre, como un recurso que ni Alberti ni Aleixandre se merecían(…)”.
Rafael Alberti Merello, uno de los grandes miembros de esa fiesta de la palabra que supuso la generación del 27, fue un poeta que consiguió su objetivo de que su canto nos acompañe “más allá de las edades” y que alcanzó el más alto rango, el que siempre deseó, ser palabra del mar, verso, azul y blanco, de las olas, un poeta cuyo vitalismo anheló la inmortalidad y cuya obra terminaría por convertirlo en eterno.
Francisco Lambea
Diario de Cádiz, suplemento especial con motivo del décimo aniversario del fallecimiento de Alberti
28 de Octubre de 2009

jueves 15 de octubre de 2009

DEL BISAGRISMO

El portavoz andalucista Antonio Jesús Ruiz y la independiente Silvia Gómez andan estos días enzarzados en unas disputas dialécticas que alternan la argumentación majestuosa, los razonamientos de político avezado, el estilo chusco, con un tono cuartelero, de zarzuela vecindona, algo así como la Campanario y la Esteban, en papeles cambiantes, en versión política local.
Conozco a los dos hace muchos años y no me caen malotes, entre otras cosas porque ellos me tratan con respeto a mí y yo a ellos (con el tiempo tiende uno a actuar con los demás en la exacta medida en que los demás actúan con uno, que para otras prácticas se anda ya muy currado). Tanto hace que sé de ambos que hasta recuerdo a Antonio Jesús cuando me llevaba los comunicados andalucistas (todavía había andalucistas, ahora hay más bien antoniojesusianos, para su mérito) a la Cadena SER, en una época en la que el correo electrónico resultaba una quimera y fax, lo que se dice fax, no debían tenerlo en el partido y rememoro a Silvia desde que Hernán Díaz, ese denostado político que se marchó ganando todas las elecciones a las que se presentó sin paraguas nacional alguno, la alzara al rango de responsable de protocolo.
Lo cierto es que el devenir, sendero azaroso por antonomasia, les ha enfrentado. Antonio Jesús, que también ha sufrido su travesía del desierto, parece mecerse en vientos favorables, mientras que Silvia es una edil maltratada estas últimas fechas por las veleidades de la condición humana y lo angosto de la matemática, una edil cuya formación experimenta unas dificultades tales que su ¿correligionario? Juan Gómez parece inspirado por una actividad epistolar tan desaforada que lleva paso de erigirle en patrón civil del cuerpo de Correos.
Todo tiene su epítome; tomando como punto de salida aquel recurrente adagio de Churchill por el que se establece que no hay peor enemigo que un compañero de partido me permito, humildemente, realizar la siguiente aportación a los anales de la politología mundial: no hay rival más encarnizado que otro aspirante a bisagra.
Francisco Lambea
Diario de Cádiz
15 de Octubre de 2009

viernes 2 de octubre de 2009

COMPETENCIAS

Pensaba yo el otro día, mientras se firmaba el convenio entre el Ayuntamiento y la Autoridad Portuaria de la Bahía de Cádiz para el desarrollo de las dos márgenes del río Guadalete, en lo compleja que llega a resultar la labor de un alcalde, y no ya por las estrecheces económicas de los tiempos ni por un presunto obstruccionismo oposicional, sino, simplemente, por la lisa y estricta falta de competencias que, en ocasiones, les adornan.
Aquí, en El Puerto, si quieres acometer alguna actuación lindante con el agua tienes que vértelas primero con la Autoridad, cuyo nombre, de por sí y en un primer golpe, tiende a marcar distancias. El organismo es dirigido por Rafael Barra, un señor de apariencia afable, uno de estos florentinos de la política cuyo aire recuerda al de aquellos tíos familiares a los que uno acostumbra a pedir consejo, pero que, en definitiva, es capaz de decirte que no en tus propias fosas nasales con una seducción tal que, con negativa y todo, abandonas el encuentro creyendo haberte salido con la tuya.
En el caso de querer reorganizar urbanísticamente la ciudad, puedes encargárselo a técnicos municipales o una carísima empresa privada y atender en mayor o menor medida la retahíla de quejas de los empresarios de la construcción, esos señores que tienden a pensar que siempre se beneficia a todo el mundo menos a ellos, puedes escuchar las inquietudes de los organismos que defienden a los poseedores de viviendas ilegales, acrónimos más numerosos ya que la cifra, eternamente indefinida, de las susodichas viviendas, pero, en último término, quien decide es la Junta, una señora que vive en Sevilla.
Comprendo que muchas veces los alcaldes experimenten cierta impotencia ante esa legión de subsecretarios y jefes de servicio cuya multiplicación en el organigrama parece estratégicamente diseñada para limitarles sus poderes hasta reducirlos a decidir los nombres de las calles, las fechas de la Feria o la identidad de su chófer.
Francisco Lambea
Diario de Cádiz
1 de Octubre de 2.009

lunes 28 de septiembre de 2009

CONFERENCIA DE JESÚS SÁNCHEZ ADALID EN EL AUDITORIO MUNICIPAL MONASTERIO SAN MIGUEL


El pasado lunes 21 el Auditorio Municipal Monasterio San Miguel acogía una conferencia del escritor Jesús Sánchez Adalid, quien habló sobre su novela "La tierra sin mal" y su obra en general. La Asociación Cultural Extremeña Portuense "El Castúo", con el patrocinio de la Junta de Extremadura, organizó el acto, que contó con una gran asistencia de público. De izquierda a derecha, el autor de este blog, que ejerció de presentador, Jesús Sánchez Adalid, protagonista del encuentro, Millán Alegre, teniente de alcalde de Cultura del Ayuntamiento de El Puerto y Juan de Dios Frías, presidente de la Asociación "El Castúo".
Foto: Andrés Mora.

domingo 27 de septiembre de 2009

ENTREVISTA A JESÚS SÁNCHEZ ADALID

"LA NOVELA HISTÓRICA ES LA ÚNICA MÁQUINA DEL TIEMPO"

El autor anuncia su intención de presentar en El Puerto su próximo libro



Sánchez Adalid, con un ejemplar de "La tierra sin mal", obra que centró su conferencia.
Foto: Andrés Mora.


Jesús Sánchez Adalid (Villanueva de la Serena, Badajoz, 1962), uno de los referentes nacionales más destacados de la novela histórica, ha vendido un total de un millón de ejemplares de sus nueve libros publicados. La mitad de esa cifra corresponde a El mozárabe. El pasado lunes, invitado por la Casa Cultural Extremeña Portuense El Castúo, dentro del programa Leer Extremadura 2009, que patrocina la Junta presidida por Guillermo Fernández Vara, habló en el Auditorio Municipal del Hotel Monasterio sobre La tierra sin mal y diversos aspectos de su obra.

-¿Por qué eligió su cuarto libro como eje central de la conferencia?

-El motivo obedece a la cercanía geográfica: La tierra sin mal comienza en Sanlúcar. Se trata de una época muy significativa en la historia de nuestro país, el siglo XVII, cuando se registraba un gran movimiento en los puertos de Cádiz, en pleno apogeo del comercio con América. Muchas personas llegadas desde otros puntos de Andalucía o desde Castilla se congregaban aquí para establecer negociaciones de todo tipo, no sólo para recoger lo que llegaba del continente americano.

-No podrá quejarse de la respuesta del público: el Auditorio estaba lleno.

-Me ha sorprendido. Encontrar un escenario abarrotado en un acto en torno a los libros resulta fantástico. Al terminar la charla firmé volúmenes durante media hora: reconozco que no esperaba encontrar una cantidad tan grande de lectores como la que poseo aquí, lectores que incluso me siguen desde hace diez años. El encuentro se desarrolló, además, en un lugar muy envolvente, que te motiva e inspira para hablar de novela histórica, la única máquina del tiempo que existe.

-¿Cómo define la evolución de su obra, desde su estreno con La luz del Oriente hasta su última creación, El caballero de Alcántara?

-Un escritor no puede ser un creador estático: conforme avanzo en el conocimiento del oficio intento hacer otro tipo de novela, dejando el detallismo histórico y centrándome más en la interpretación de los personajes, de forma que el marco temporal sea menos importante que el factor humano en el que se desenvuelve el hilo conductor. De hecho mi próxima obra será más onírica y simbólica, menos realista.

-Cuéntenos hasta donde pueda de un trabajo que, según anunció, se presentará también en El Puerto de Santa María.

-La trama se desarrolla en el siglo I de nuestra era y su base reside en el elemento griego, un componente que, aunque suele observarse desde una perspectiva filosófica o especulativa, se muestra indisolublemente unido a nuestra cultura. El Imperio Romano resultó eminentemente práctico, pero los griegos nos legaron su forma de concebir el mundo, suponiendo el vehículo de transmisión del cristianismo. La democracia es un invento del cristianismo y eso no lo puede negar nadie. El lector, sin darse cuenta, llegará a comprender que, en el fondo, todos somos griegos. Se trata de una ficción larga, muy divertida, que tiene que ver con el mundo del vino como el elemento cultural de primer orden que es, por lo que mi intención es mostrarla aquí, en una ciudad de tan importante tradición vinícola como El Puerto de Santa María. Hablamos de un producto hacedor de cultura, un producto que, allá donde aflora, permite la conservación del ocio, el intercambio de ideas. El marco de Jerez constituye un punto de referencia mundial de lo que debe ser el vino y ha de continuar siéndolo. Aquí se disfruta de una conjunción de la cultura mediterránea, que es mar y vino y eso se nota en el carácter de las gentes.

-La vocación sacerdotal le llevó a dejar la judicatura. ¿Cómo compatibiliza su labor de párroco en Alange (Badajoz) con la creación literaria?

-Voy aprendiendo y escapo como puedo de la hipotética esquizofrenia que me podría haber generado. La aparición en los medios te convierte en un escritor popular y provoca la sensación de estar dedicado a los libros sobre todo, cuando lo cierto es que mi labor fundamental se centra en la parroquia de un pueblo. Mis fieles son comprensivos: acabamos de terminar las fiestas locales y ahora me dedico a la difusión de mi obra. La literatura nunca me ha supuesto problemas con la jerarquía eclesiástica y los inconvenientes resultan mínimos: admito que a algunos sectores muy conservadores les parezca mal el erotismo que aparece en mis novelas, pero eso forma parte de la labor del creador.

-¿Cuáles son sus próximos proyectos?

-Mantengo conversaciones con una productora para una serie de televisión de unos trece capítulos sobre la trilogía que componen El cautivo, La sublime puerta y El caballero de Alcántara y barajo varias posibilidades con Canal Extremadura Televisión, siendo muy posible que emprendamos un recorrido por la historia espiritual de la región, no sólo en lo que respecta al ámbito del cristianismo. Por supuesto sigo escribiendo y lo hago desde un estilo que tiene claro la necesidad de liberar a la literatura de ese pedazo de tópico según el cual escribir bien es hacerlo de una forma enrevesada. En mi opinión, se trata de todo lo contrario: escribir bien es escribir sencillo.

Francisco Lambea
Diario de Cádiz
27 de Septiembre de 2.009