sábado, 24 de noviembre de 2012

BIENVENIDO, M. MERKUM

La inauguración el jueves de las instalaciones de Merkum en el polígono de Las Salinas despertó en este periodista sensaciones casi perdidas, percepciones que habitaban los recodos más abisales de la memoria, tiempos en los que el concepto prima de riesgo era conocido únicamente por los mejores economistas, aquellos que acostumbran a señalar que ellos ya habían previsto el cataclismo una vez que éste ha sucedido.

Cinco años de dura crisis casi nos han hecho olvidar aquellos protocolarios cortes de cintas, adobados por chistecitos más o menos ingeniosos u oportunos, aquellos multitudinarios paseos por las cadenas de montaje (atendidos por un contingente periodístico hoy por desgracia mucho más reducido), los posteriores y pantagruélicos aperitivos celebratorios, de modo que, cuando este redactor abandonaba las dependencias de la firma gallega, recordándosele la invitación a un almuerzo conmemorativo de la grata noticia en el rescatado Hotel Monasterio, una extraña emoción se apoderó de su interior.

Hay que felicitarse especialmente de una inversión como la de Merkum, generadora de casi medio centenar de puestos de trabajo, en momentos en los que no se inaugura ni un kiosco, y en los que una escuálida inversión de apenas 70.000 euros que sirve para adecentar una calle del Poblado de Doña Blanca se ve adornada de un numeroso séquito político en el que no sorprendería ni la presencia del propio presidente del gobierno ni la de un comisario europeo.

El Puerto ha pasado de conocer la instalación de multitud de entidades en sus polígonos, de edificar centros culturales y sociales en su casco histórico, a carecer de dinero hasta para el parcheo de baches. Por ello, cuando el presidente de la entidad gallega, Ramón Hermo, incluía la planta portuense de Merkum en un conjunto que engloba a otras en Polonia o Brasil muchos de los congregados se preguntaban si asistían a alguna suerte de sueño.

Los tiempos son tan duros que hasta la edificación de unos bloques de pisos tras más de media década en el empeño corre el riesgo de esgrimirse en la próxima campaña como un argumento incuestionable en el que basar toda una alternativa de gobierno y probar su garantía.

Francisco Lambea
Diario de Cádiz
25 de Noviembre de 2012

sábado, 17 de noviembre de 2012

LA SOMBRA DEL FUTURO

El número de desempleados con el que se cierra el mes de Octubre en El Puerto (12.987, récord histórico) supone otro golpe más a la moral y, lo que es más grave, a la estructura de una sociedad que lleva varios años, desde que se inició una crisis entonces conocida como "desaceleración", acosada por una creciente pérdida de derechos cuya espiral parece no tener fin.

Los ciudadanos observan con desesperanza creciente cómo el gobierno central, cuyos líderes culpaban al expresidente Zapatero del advenimiento de todos los males económicos, se muestra incapaz de enderezar la situación, aprisionado entre la inercia, la ineficacia o, en ocasiones, la ingenuidad (pretender solucionar el problema de los desahucios con un Código de Buenas Prácticas bancario revela hasta qué punto se encuentran lejanos a la realidad unos dirigentes que han tenido que asistir al suicidio de algunas personas para dignarse a reaccionar de algún modo sencillamente práctico).

Recuerdo cómo, hace solo unos pocos años, los guarismos del desempleo local rondaban las 5.000 personas, y casi conteníamos la respiración cuando el 6 asomaba como primer número. Hoy duplicamos esa cifra, en medio de un colosal atasco del capitalismo, que en nuestro país agranda las diferencias entre ricos y pobres, y rodeados de perspectivas que socavan la credibilidad de las instituciones.

Asistimos a la paradoja de que la generación mejor formada para insertarse en el mercado laboral es la que más problemas encuentra para conseguirlo, mientras observamos cómo muchos de sus integrantes emprenden el camino de la emigración.

En una sociedad donde cada vez es más arduo cosechar largas carreras de cotización, atemoriza pensar en cuáles puedan ser las pensiones futuras, o en qué coyuntura quedarán unos ancianos para quienes se diseñó una ley de dependencia que languidece sin fondos.

Nos encontramos ante una situación de emergencia progresiva a la que conviene dar la vuelta cuanto antes, de modo que en el futuro no tengamos que recordar ese refrán que advierte que se sabe cómo empiezan las cosas pero no cómo acaban.

Francisco Lambea
Diario de Cádiz
11 de Noviembre de 2012