martes, 28 de diciembre de 2010

LA REALIDAD DEL SUEÑO

Reconforta con calidez singular que, en estos tiempos de dura crisis, en los que la cultura parece resignarse a una suerte de dolorosa agonía existencial, como si en lugar de un componente definitorio de la civilización se tratara de un contingente elemento consumista, proyectos como Artífice Galería celebren su primer aniversario. Un año puede parecer un periodo corto, incluso inicial o simbólico, pero en singladuras de traza tan imprevisible como una galería de arte adquieren una equivalencia biológica similar a la de, cuando menos, una orientada juventud.
Es seguro que cuando José Tejero y José María Godínez abrieron las puertas de un espacio dedicado a la pintura, a la fotografía, a los ecos de la palabra, más de un paseante contumaz del casco antiguo ofrendase a la iniciativa un gesto sorprendido o escéptico, cuando no presurosamente conmiserativo. Pero, por fortuna, el guión del destino concede a veces, entre líneas, la dichosa certidumbre de que el territorio imaginario de los sueños acabe traduciéndose en una corpórea geografía, en una dulce realidad que no por su estricto telurismo renuncia a su envoltura mágica.
Con un convencimiento propio de quienes han hecho de la ilusión una de sus más preciadas armas de trabajo, la entidad nos anuncia su firme empeño de seguir creciendo en este 2011 que asoma (tantas penalidades ya acumuladas por tantos, entre el relámpago de la esperanza y el trueno del miedo), y metaforiza su decisión, en la que uno adivina un reto personal que debiera tornarse afán colectivo, en la figura de un niño erguido y con los brazos abiertos, la imagen de un infante firme en su receptividad, en su actitud espontánea y solidaria, quizá inocente en su entrega, amable y fresco, desde luego, ante un mundo al que quiere aportar y del que desea formar parte.
Los portuenses debemos sentirnos satisfechos porque Artífice Galería nos ofrezca, en un lugar tan cotidiano, tan consuetudinario en su latido como la calle Placilla, un espacio para la mirada, que es tanto como decir la curiosidad, que es tanto como decir la vida.
Francisco Lambea
Diario de Cádiz
23 de Diciembre de 2010

jueves, 9 de diciembre de 2010

LOADA SEA LA NORMA

He echado en falta en El Puerto la diversidad de conferencias y tertulias que la conmemoración de la Constitución inspiró en años anteriores en centros lectivos y asociaciones de diversa índole, una circunstancia que me ha llevado a reflexionar que entre las mayores debilidades del espíritu se cifran la fragilidad de la memoria o la incapacidad para el agradecimiento.
El pasado lunes se cumplieron 32 años de una de las fechas más significativas de nuestra milenaria historia. Aquel día, el 87% de los votos de los españoles dio el sí a un texto que ha servido de soporte básico para consolidar un periodo de prosperidad nunca antes conocido. Buena parte de lo que hoy somos se lo debemos a la Carta Magna, un articulado cuya reivindicación se hace más necesaria por cuanto mayores son los ataques que recibe por parte del insolidario nacionalismo norteño.
Pese a sus errores puntuales (la cesión de las competencias educativas, utilizadas oportunistamente por el independentismo, o la primacía del varón en la sucesión de la Corona, un privilegio incomprensible) la trascendencia de la Constitución es tal que requiere un incansable esfuerzo divulgativo que debiera empezar por las propias corporaciones locales, en su calidad de institución más cercana al ciudadano.
En contra de lo que pueda parecer en estos tiempos movidos por la prisa, por el vertiginoso desarrollo de acontecimientos que no dejan de sorprendernos, casi siempre para mal, y que tienden a banalizar o desnaturalizar todo, lo obvio, lo cotidiano, debe ser ensalzado, para evitar el riesgo de que su voz primero se silencie, y finalmente perezca, entre peligrosas manifestaciones guturales: estos días, al menos estos, son idóneos para abrir un libro donde se despliega nuestra Constitución, ese edificio construido en momentos difíciles bajo una inteligencia hoy tan añorada, bajo un sentido de la concordia y la justicia que haría imposible comportamientos como los protagonizados por los controladores aéreos, cuyo incivismo ha alcanzado cotas generadoras de honda estupefacción.
Francisco Lambea
Diario de Cádiz
9 de Diciembre de 2010