domingo, 1 de abril de 2012

LOS DAAGUAS

Uno de los especímenes más tediosos y espiritualmente mediocres de El Puerto es el daagua, ese individuo que, sin el menor sustento científico, sin haber siquiera mirado la previsión metereológica, se dedica a pronosticar lluvias cada vez que alguna festividad que pueda suponer el disfrute ajeno osa rondar el almanaque.

Encharcados en el pozo abisal de su malajería, la Semana Santa (si el daagua es ateo su saborición se acrecienta) y, por supuesto, la Feria de Primavera y Fiesta del Vino Fino, constituyen sus dos piezas más preciadas (aunque tampoco renieguen del carnaval, la Patrona, la Virgen del Carmen y eventos de más reciente estreno, como San Antón).

Si uno se atiene al consuetudinario designio del daagua, El Puerto de Santa María es la ciudad más pluviosa del mundo, capaz de superar al mítico Macondo de García Márquez, donde las nubes vaciaron su vientre, sin el menor descanso, cuatro años, once meses y dos días.

Cualquier indicio, por irracional que parezca, se erige argumento irrefutable para el daagua en su incansable pasión hídrica: si el viento sopla hacia un lado, si sopla hacia otro, si no sopla, si la nube es grande, si la nube es pequeña, si no es ni grande ni pequeña, si les duele el hueso del culo o si llovió tal o cual día de hace quinientos años.

Desafiando cualquier tipo de prevención, los hay sabedores de que una edición Ferial se mojará antes incluso del comienzo del año que la acoge y que sufrirá la circunstancia desde la velada hasta la partida del último jartible en la noche del lunes.

Urge modificar la Constitución para que nuestro ordenamiento jurídico aumente su excelsitud permitiendo el ostracismo de los daaguas, un exilio perpetuo con localizaciones donde puedan saciar su sed, como, por ejemplo, el monte Waialeale, en Hawai, lugar paradisíaco en el que sus augurios se cumplirán unos 350 días anuales, o Bergen, hermoso enclave noruego que no defraudará sus empapadas predicciones.

Los daaguas desconocen el azar maquiávelico que la fortuna les depara: el día en que, sin duda, caerán chuzos de punta será el de sus respectivos funerales. Y, para colmo, no lo habrán adivinado.


Francisco Lambea

Diario de Cádiz

1 de Abril de 2012

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