domingo, 26 de junio de 2011

SÓLO VISTEON

Tenía pensado dedicar esta columna a esa cría de cigüeña varada el lunes frente a la Prioral, atendida por varios espíritus generosos hasta que un salvífico guarda de Medio Ambiente, fuera de su turno de servicio, decidió poner el corazón por encima del administrativo horario laboral. Lo tenía pensado porque siempre me admiraron las cigüeñas, ese animal sereno, sabio, oteador del tiempo desde la altura, una fascinación en la que incidirá no poco mi condición oriunda de extremeño, pero nos ha caído encima el anuncio de Visteon de cerrar su planta portuense, que es tanto como cerrar el empleo, a más de 400 personas.


Ante una tragedia como ésta (habrá que ver cómo se desarrollan los hechos, pero en ningún caso se conseguirá una situación más favorable que la gozada antes del anuncio) se le antoja a uno que dedicar el espacio a otra cosa incurriría en irresponsabilidad periodística (o social, que viene a ser lo mismo), en frivolidad imperdonable.


Suele recurrirse ahora, en metáfora labrada para la historia, a la sombra de Delphi: yo recurro a la zozobra de cualquier parado, hubiese pertenecido a la plantilla de alguna gran empresa o a una quizá numéricamente tan pequeña (pero objetivamente tan magnífica) como la de sí mismo. Y, como a tantos y tantos ciudadanos, se me incendia la mente de preguntas: ¿por qué hace apenas cinco años se aspiraba al pleno empleo y ahora se desconoce cómo reducir esa cifra de 4 millones de parados? ¿Cuál es la causa de que la bahía de Cádiz parezca condenada a padecer más cierres empresariales que cualquier otra zona del país? ¿Resulta explicable que mientras mayores son las pérdidas o reducciones de beneficios de algunas firmas más altas asoman las nóminas de sus grandes ejecutivos?


Ojalá Visteon pueda reconducirse de la mejor forma. Ojalá que su estampa no acabe desvencijada, esteparia en medio de la carretera a Sanlúcar, paisaje imposible para el nacimiento de un sueño. Ojalá terminen esas deslocalizaciones que apagan el servidor informático de los procesos productivos, dejando la esperanza cernida de claroscuros.

Francisco Lambea
Diario de Cádiz
26 de Junio de 2011

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