jueves, 16 de septiembre de 2010

TRAS LA PROCESIÓN

Regresaba a casa tras observar algunos momentos de la procesión de la Virgen de los Milagros y volvían a asaltarme reflexiones que llevan algunos años ensolerándose, así como otras nuevas, quizá más contingentes, nacidas al correr caprichoso de los tiempos.
Desde el obvio respeto al sentimiento religioso no dejaba de sorprenderme la circunstancia de que fuera imposible divisar en el cortejo a edil alguno de la izquierda política tradicional (PSOE e IU), como si el mito de las dos Españas (o los dos El Puertos, no sé) continuara, de alguna forma, vivo. Sólo los concejales de IP, de entre los que habitan el infierno de la oposición, acostumbran a desfilar con la Patrona, mientras que, por lo que respecta al equipo de gobierno (PP, PA y Gago), cree uno ver la extensión de todas las almas.
Por otra parte, la evidencia de que el próximo año se retorna a ese soberano y salvífico ejercicio de voluntad popular que constituye la cita con las urnas (una cosa así como una confesión civil ante los votantes, erigidos en párrocos que imponen la penitencia con papeletas en lugar de oraciones) me invitaba a elucubrar sobre quiénes de los representantes públicos que me brindaba la pasarela de la retina seguirían detentando acta en la comitiva siguiente: mi pronóstico se muestra firme ante algunos, situándolos en la confortabilidad del cielo (pese a que hay tránsitos que vagan por el limbo) y más dubitativo con otros, que penan en el purgatorio, esperando la redención digital de alcaldables, secretarios generales regionales o provinciales o inefables cuotas.
La ausencia más notoria será la de Fernando Gago, reserva espiritual del politransfuguismo terreno (en lo celeste viene actuando como ortodoxo hombre de partido). Gago, al menos, seguirá asistiendo a las procesiones cuando su mano silente (Aleixandre) desaparezca del horizonte de las sesiones plenarias: no sucede así con otros antiguos ediles, a quienes la pérdida de su condición de tales se vio acompañada de una repentina crisis de fe, como si con la medalla de concejales se les hubiese evaporado la certidumbre en el dogma.
Francisco Lambea
Diario de Cádiz
16 de Septiembre de 2010

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