sábado, 2 de agosto de 2008

EL PGOU

A estos tiempos de crisis ( la libertad es poder escribir crisis y no “ desaceleración ” ), los portuenses, tan amigos de aportar nuestra idiosincrasia a toda coyuntura, añadimos la falta del PGOU. Los ciudadanos se encuentran expectantes ante uno de esos hechos cuya trascendencia merece inspirar el devenir de los calendarios, denominar una nueva era, de modo que las sucesivas efemérides puedan también reseñarse partiendo de tal hito ( que los más optimistas vislumbran para 2.010 y los más pesimistas incluyen en los actos del Bicentenario ): así, no se hará extraño escuchar que Fulano casó en el año seis después del PGOU o que Mengano vino al mundo en el año dos antes del sacrosanto documento.
Es como si el PGOU fuera para El Puerto lo que la Expo para Sevilla o Zaragoza: sin este gozoso acto administrativo, los portuenses hemos ido degenerando en tristes DSP ambulantes, fichas sin planeamiento a la espera de un destino en lo urbanístico, almas pusilánimes que no hacen camino al andar, que ignoran dónde van, ni de dónde vienen, ni cuándo se aprobará el PGOU.
Inocentes a la falta de tan beatífica legislación, Menesteo fundó la ciudad a su antojo y por ella deambularían, ajenos al aprovechamiento medio y a los estudios de detalle, fenicios, visigodos, musulmanes, cristianos e invasores franceses, expropiándose sin otra suerte de alegaciones que el mamporrazo limpio, sancionador del punto cero, de aprobación tan provisional como definitiva.
Viene a establecer la ley que la duración de un Plan General de Ordenación Urbana es de doce años pero la vigencia del actual lleva camino de erigirse en eterna; para colmo de males, los portuenses nos hemos encontrado con el POTA, una especie de hijo respondón del PGOU y que, a decir del presidente de los populares en Andalucía, Javier Arenas, tiene feo hasta el nombre. La demora del Plan General nos va haciendo viejos, como el crecimiento de los hijos y no nos recordamos sino ante sucesivos alcaldes y equipos redactores, ante plenos infinitos y comisiones de seguimiento que fueron tras él clamando y era ido: todo pasa y todo queda, menos el PGOU, ese acrónimo de cita tan recurrente como existencia improbable.
La vida es lo que nos pasa mientras esperamos la aprobación del PGOU.

Francisco Lambea
Diario de Cádiz
31 de Julio de 2.008

2 comentarios:

E. G-Máiquez dijo...

Venía a felicitarte por tu artículo de hoy sobre la estación, que es antológico, y me encuentro con este del PGOU que se me pasó, que tampoco es manco.

NO importa que se me pasara pues lo del PGOU es un tema que no pasa nunca.

Francisco Lambea Bornay dijo...

Gracias por tu comentario, Enrique. Los diseños actuales parecen nacer, con frecuencia, aceptando de antemano su carácter efímero y eso es peligroso.