domingo, 13 de septiembre de 2015

OPORTUNIDAD DEL GRIS


El pasado lunes, mientras observaba el ataúd de José María Ruiz-Mateos saliendo del Hospital Santa María de El Puerto, transportado por dos trabajadores de la funeraria hasta el vehículo que lo llevaría al asilo de las Hermanitas de los Pobres, bajo la expectación de las cámaras y la curiosidad de algunos transeúntes, me asaltaron varias sensaciones, algunas incluso contradictorias. La primera respondía a la expresión clásica: “La muerte todo lo iguala”. Quien llegara a ser el hombre más rico de España, el financiero que comandase empresas cuyos números  rondaban el 2% del PIB, era ya un cuerpo sin vida.

Luego pensé que este es un país dado a los juicios grandilocuentes, extremos, poco proclive a valorar el gris de los matices. Ruiz-Mateos fue emborronando su trayectoria progresivamente y cometió ilegalidades, pero las crónicas no inciden en aspectos como la sentencia del Tribunal Constitucional que en 1983 declaraba legal la expropiación del holding… por el voto de calidad del presidente, que rompía el empate (seis magistrados, la mitad del pleno, consideraron la actuación no ajustada a derecho, lo cual se antoja inquietante para una operación de tal calado y conduce a plantearse preguntas sobre la equidad de una medida tan radical). Tampoco se ha hablado mucho de la gestión del proceso reprivatizador, en mi opinión uno de los aspectos más polémicos, y en algún caso directamente escandaloso, de los gobiernos de Felipe González.

Se observa en los medios a quienes, con toda razón, se quejan del balance  de Nueva Rumasa, esa iniciativa que sobró en el currículum del empresario roteño y que ha llevado a numerosos accionistas individuales a perder dinero, pero apenas aparecen las personas que, siquiera por trabajar con él en sus mejores momentos, los iniciales de su trayectoria, gozaron de una provechosa experiencia y escasean las citas a su labor altruista.

Ruiz-Mateos era un personaje hiperbólico. Bajo esa característica protagonizó cosas muy buenas y otras muy negativas. Toca recordar que el gris es un color con frecuencia imprescindible, más revelador que las tentaciones reduccionistas del blanco o el negro.

Francisco Lambea
Diario de Cádiz
13 de Septiembre de 2015


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