domingo, 4 de enero de 2015

UNA ORQUESTA PARA LA ESPERANZA


La llegada de cada nuevo año suele revestirse de caracteres ilusionantes. Aquellos a quienes les va, en general, bien (no muchos, ciertamente, en estos tiempos, aunque más de lo que pudiera pensarse) aspiran a mantener la tónica, incluso solicitando mejorías en aspectos puntuales, mientras que los que se sienten menos bendecidos por el caprichoso rayo del destino buscan que las uvas acompasadas en la cadencia que dicta el reloj de la Puerta del Sol marquen una especie de kilómetro 0 en sus vidas.

Para los periodistas nativos 2015 viene marcado por la convocatoria de elecciones municipales. En la profesión se es consciente de que, cada tres años sin comicios locales, llega el momento del calendario que los acoge. Eso lo trastoca todo. Suponen meses de mayor carga laboral, de tensión recrecida, de miradas y comentarios anfibológicos, de actuaciones y sobreactuaciones, de ruedas de prensa multiplicadas hasta la extenuación, tiempos en los que aumenta el interés de los políticos por conocer las circunstancias y características de nuestra labor, en los que los redactores, tantas veces ignorados, adquieren la relevancia, en opinión de algunos alcaldables, de conformar la opinión que los ciudadanos manifiestan en las urnas.   

Residentes en un país que el gobierno central considera de las maravillas, saliendo de una crisis sin salir de ella, recuperándonos sin recuperarnos, degustando los racimos negros de la prima de riesgo, la corrupción con frecuencia impune, el euríbor rampante, la terrible filoxera del desempleo, parece claro que la esperanza se erige necesidad del ser humano y que la justicia resulta de obligatorio advenimiento.


Que el año nos sea grato, plácido al menos. Que seamos tan felices como los violinistas de la Filarmónica de Viena, quienes, con su exquisitez sonora e indumentaria, inician cada año desde el edénico Musikverein esgrimiendo el mensaje de que la armonía es un prodigio posible, de que podemos planear por el mundo con la elegancia ingrávida de los bailarines del Ballet de la Ópera, transitar calles trazadas por un divino tiralíneas que eleva el PGOU a la categoría de arte.

Francisco Lambea
Diario de Cádiz
4 de Enero de 2015

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