domingo, 7 de diciembre de 2014

LA OSADÍA DE EMPRENDER


En un país como el nuestro, se diga lo que se diga, quiérase o no reconocer, diseñado para que la salida laboral más ventajosa, en términos generales, consista en hacerse empleado público (a ello se aplica gobierno tras gobierno), aventurarse en un negocio propio es una actividad meritoria; en una coyuntura económica como la actual resulta directamente heroico.

Una de las pruebas más irrefutables de la gravedad de la situación financiera que padecemos se reveló en el momento en que el ejecutivo central suprimió la extra de Navidad de 2012 a quienes cobran de las arcas de todos, en cualquiera de sus ramificaciones; sí que debe andar esto mal, pensé, cuando el Sistema adopta una medida inédita en la España de la Transición, por la que viene penando desde entonces, con mayor flagelo conforme la urna se avista en el horizonte, absorto en culminar el proceso  restitutorio de la sacrosanta paga (único modo de expiar el pecado original), indiferente a facilitar las cosas a quienes arriesgan no sólo su esfuerzo, sino también su patrimonio (total, si el gobierno es del PP piensa que recibirá sus votos de todas formas y si es del PSOE que se les escapará buena parte hagan lo que hagan. Además, el sector privado no se manifiesta y carece de organizaciones beligerantes que lo defiendan).

El imaginario callejero tiende a asimilar el concepto de empresario con la de magnate del IBEX 35, cuando la realidad es que hay millones de personas que luchan cada día por salir adelante y que a duras penas pagan los impuestos de una nación que recibe de ellos mucho más de lo que les da y que acostumbra a agradecerles los servicios prestados maltratándolos en su vida laboral y, no vaya a quedar un último aliento, en su ulterior pensión.


Estas reflexiones me hacía mientras contemplaba el miércoles la entrega de premios a los galardonados en la primera edición de El Puerto Emprende, en la que se alzó vencedora New Energy Solutions and Technology, por delante de Intelsys y MCJ Cerveceros Portuenses. Les dieron un diploma (al ganador, además, un ordenador portátil); bien hubieran podido distinguirlos con un busto que inmortalizara a cada uno.

Francisco Lambea
Diario de Cádiz
7 de Diciembre de 2014

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