sábado, 17 de noviembre de 2012

LA SOMBRA DEL FUTURO

El número de desempleados con el que se cierra el mes de Octubre en El Puerto (12.987, récord histórico) supone otro golpe más a la moral y, lo que es más grave, a la estructura de una sociedad que lleva varios años, desde que se inició una crisis entonces conocida como "desaceleración", acosada por una creciente pérdida de derechos cuya espiral parece no tener fin.

Los ciudadanos observan con desesperanza creciente cómo el gobierno central, cuyos líderes culpaban al expresidente Zapatero del advenimiento de todos los males económicos, se muestra incapaz de enderezar la situación, aprisionado entre la inercia, la ineficacia o, en ocasiones, la ingenuidad (pretender solucionar el problema de los desahucios con un Código de Buenas Prácticas bancario revela hasta qué punto se encuentran lejanos a la realidad unos dirigentes que han tenido que asistir al suicidio de algunas personas para dignarse a reaccionar de algún modo sencillamente práctico).

Recuerdo cómo, hace solo unos pocos años, los guarismos del desempleo local rondaban las 5.000 personas, y casi conteníamos la respiración cuando el 6 asomaba como primer número. Hoy duplicamos esa cifra, en medio de un colosal atasco del capitalismo, que en nuestro país agranda las diferencias entre ricos y pobres, y rodeados de perspectivas que socavan la credibilidad de las instituciones.

Asistimos a la paradoja de que la generación mejor formada para insertarse en el mercado laboral es la que más problemas encuentra para conseguirlo, mientras observamos cómo muchos de sus integrantes emprenden el camino de la emigración.

En una sociedad donde cada vez es más arduo cosechar largas carreras de cotización, atemoriza pensar en cuáles puedan ser las pensiones futuras, o en qué coyuntura quedarán unos ancianos para quienes se diseñó una ley de dependencia que languidece sin fondos.

Nos encontramos ante una situación de emergencia progresiva a la que conviene dar la vuelta cuanto antes, de modo que en el futuro no tengamos que recordar ese refrán que advierte que se sabe cómo empiezan las cosas pero no cómo acaban.

Francisco Lambea
Diario de Cádiz
11 de Noviembre de 2012

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