lunes, 7 de mayo de 2012

UNA FERIA CONTRA LA PRIMA DE RIESGO

La fiesta deja innovaciones acordes con los tiempos: la ausencia de portada, la huelga de autobuses y la protesta laboral a pie de avenida



Nada más presente que la ausencia: a la Feria le han quitado la portada y eso ha provocado que se hable de la portada más que nunca. La efímera construcción ha pasado de las retinas a las lenguas y ahora es la imaginación, en lugar de las bombillas, quien la alumbra. No seré yo quien escriba que una portada carece de importancia (ya me pronuncié también en su día contra la lonalización de la avenida principal, otro paso  desglamourizador), pero es lo cierto que nunca se ha reparado más en el pórtico que este año, en el que la concejalía de Fiestas ha desposeído a la celebración de su totémico referente iluminativo.
En contra de lo que ocurrió con el anuncio, luego rectificado, de eliminación del tendido navideño, en esta ocasión no ha habido una reacción popular contra el apagón parcial. Metidos en plena vorágine de recortes, efectuado el principal (a la esperanza) en los espíritus de muchos, poco parece importar que haya o no frontispicio: en época tan siniestra como la que atravesamos resta el consuelo de que, al menos, la Feria permanezca, de poder alzar una copita de fino sin tener que pedirle a los turroneros que monten el tenderete y de compartir unas risas mientras Europa, fuera de Las Banderas, se busca a sí misma en las elecciones francesas.
Se encuentre Europa o no la edición de este año se ha dedicado a las ciudades iberoamericanas en la manifestación más mediática hasta la fecha de la presencia portuense en los actos del Bicentenario, pero todo ha andado cortito de delegación institucional. ¡Qué lejos aquellos tiempos en los que se presentaba hasta el alcalde de Madrid, en los que nos visitaba el presidente de Ceuta o en el que cualquier entidad territorial homenajeada te mandaba algún digno subsecretario aún con ganas de hacer carrera! La caseta transoceánica se desarrolló con discreción suma, pero, al menos, YPF no le ha cortado el punto. Los españoles carecemos de conciencia de poseedores de crudo (los barriles se los habrían quitado a los ejecutivos corbateros de Repsol) y la referencia argentina no es Kirchner sino Maradona (Borges para la minoría elitista). Una máxima no escrita impera en los corazones: lo que el vino fino ha unido que no lo separe el petróleo.
Lo mismo sucede con la decisión de Evo Morales de expropiar la filial de Red Eléctrica Española en Bolivia. Parece que se está poniendo de moda en Sudamérica nacionalizar todo lo que sea español, pero, visto lo visto (o lo no visto) no hemos de preocuparnos por una posible expropiación de la Feria.
Las convocatorias de huelga en el servicio de autobús forman parte del programa de actos, como la inauguración oficial o el concurso ornamental de casetas. En esta ocasión, por vez primera, ha cristalizado en paro. La imagen de trabajadores de Daibus protestando mientras se inauguraba el alumbrado se erigió inédita, pues el recinto desconocía hasta la fecha este tipo de manifestaciones. Exentas, lo que se dice exentas, del manifestódromo local ya sólo quedan las procesiones.
La Feria termina, pues, dejando varias novedades: la ausencia de portada, la huelga del servicio de bus (para molestia ciudadana, beneficio de taxistas y popularización de la Angelita Alta), las protestas laborales por  Las Banderas y la dedicatoria rebuscando dedicados a lazo. La tremenda lluvia de la mañana del sábado destrozó dicha mediodía y provocó inéditos problemas en los parkings. Con todo, las ganas de disfrutar y de compartir unas jornadas con los demás volvieron a imponerse sobre las turbulencias que han aquejado a ese organismo vivo que es la Feria de Primavera, un evento que, por más que pueda parecer indemne a su contexto, marcha acorde con unos tiempos que esperemos muestren en el futuro mejores galas; al cabo, somos las Ferias que nos quedan y gusta recordar esas casetas llenas de hace años, en contraste con los excesivos claros de esta edición.

Francisco Lambea
Diario de Cádiz
7 de Mayo de 2012

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