domingo, 4 de marzo de 2012

EL EJEMPLO DE ANTONIO

La historia de las ciudades no es sólo, con serlo, un compendio de efemérides más o menos reveladoras, una sucesión de edificaciones, de estadísticas especialmente alegres o luctuosas: la historia de las ciudades es, también, una serie de magnitudes de difícil o imposible cuantificación, inaprensibles para las páginas de los libros, como la idiosincrasia de sus habitantes, su traducción en el aliento del día a día.


Antonio Márquez se ha jubilado tras casi medio siglo de actividad hostelera, tras mostrar durante décadas su capacidad, profesional y humana (en la hostelería viene a ser lo mismo) en variados establecimientos, siendo el más significativo el pub Milord, en la calle Larga, donde han transcurrido sus últimos 37 años de oficio, que, detrás de una barra, es, de algún modo, como decir de vida. Quiero hablar de ello en esta columna porque los periodistas solemos incurrir en el vicio de no conferir la categoría de noticia a cosas que son más importantes que otras que sí se imprimen bajo el amparo inercial de los titulares, y porque para eso dispongo de un espacio que viene a revelársele a uno como un espejo, y ante el que es conveniente, por tanto, sentirse cómodo.


El gremio de la hostelería es un gremio especial, el de personas que suelen laborar bastante más tiempo que la media de trabajadores de otros sectores, y que suelen hacerlo con el continuado compromiso de agradar a los demás.


Le deseo lo mejor a Antonio Márquez y me alegro de que pueda disfrutar de una jubilación tan sumamente merecida. Confío en que seguiremos teniendo la ocasión de conversar, ahora al otro lado del mostrador de Milord, o en otras ubicaciones, recordando viejos tiempos y disfrutando los presentes, que es la mejor forma de confeccionar los futuros. De cuando en cuando, conforme pueda, se nos unirá Juan Franco, su compañero en la cafetería tantos años, con una complicidad societaria cuya extensión es muy difícil de alcanzar en estos tiempos, en los que amistad y negocio no siempre coinciden.


Los únicos que deben temer este cambio vital de Antonio son los pescados que merodean la playa de La Puntilla: su condición de víctimas se acrecienta por momentos.




Francisco Lambea


Diario de Cádiz


4 de Marzo de 2012

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