domingo, 5 de febrero de 2012

BRINDIS MATINAL

Como quiera que no me apetece ser políticamente correcto en esta columna, proclamaré con tanta simpleza como determinación: yo prefiero que los plenos sean por la mañana.

Y no me erigiré en portavoz de nadie pero, por lo que deduzco, creo coincidir con la práctica totalidad (lo de práctica es por despistar un poco) de la prensa local.

Yo sé que los periodistas carecemos de derecho a quejarnos, que, en nuestra condición de santones civiles, debemos limitarnos a informar sobre todo tipo de problemáticas, sin referir jamás las nuestras, a atender puntualmente las manifestaciones de quienes en su vida se manifestarán por nosotros, los comunicados de quienes nunca redactarán uno por nuestra suerte, pero, qué quieren que les diga, a mí eso de volverme a mi casa a las doce de la noche, cuando hasta los gatos se refugian en el sueño, para escuchar lo mismo que podría haber escuchado a las plácidas doce del mediodía y encima tener que contarlo con mayor retraso acumulado, se me antoja poco operativo, a la par que generador de turbias inquietudes existenciales.

Nada más inconveniente para las libertades que esa imagen de los ediles rebulléndose, mentalmente agotados, en intervenciones exentas ya de ingenio, mientras se atiende más a los relojes nocturnos que a la disquisición argumental.

Admito la teoría de que el horario vespertino resulta más favorecedor de la participación ciudadana que el matinal, pero discrepo en la cuantificación: creo que la acrecienta sólo en algo, una parte más pequeña de lo que cabría suponer, y sostengo, desde luego, que el turno de la mañana no impide asistir a una sesión plenaria a quien tenga interés en hacerlo.

La virginidad de la democracia plena no requiere de la vespertinización plenaria. Respetando siempre a quienes defienden la celebración por las tardes, y sin ánimo de ofender, creo que el horario de las sesiones no es el culpable de que el 46% de los portuenses prefiriera quedarse sin votar en los pasados comicios municipales, hecho verdaderamente preocupante y sobre el que se habla menos de lo debido en una ciudad que acostumbra a desenfocar el origen de los problemas.


Francisco Lambea

Diario de Cádiz

5 de Febrero de 2012

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