domingo, 11 de diciembre de 2011

NAVIDAD Y CRISIS

La prima de riesgo, ese familiar que acompaña al común de los mortales (en la sangre azul viene aderezada por un yerno), sigue abaratando, cuando no impidiendo, los almuerzos y cenas de las empresas que sobreviven, y reduciendo el séquito de los Reyes Magos, que se aferran a la Biblia para no ser definitivamente sustituidos por Papá Noel, figura que, puestos a recortar, solo es una y de buena disposición.

La crisis, ese concepto metaforizado en los pantalones de Angela Merkel, tiene también sus ventajas, aunque, obviamente, resulten bastante menores que los beneficios. Por ejemplo, subrayará en los espíritus la importancia de lo que viene en llamarse pequeñas cosas, pero que en realidad son grandes, como la de dedicar más tiempo a la familia en lugar de fomentar un consumismo a veces absurdo, basado en comparar qué cuñado se luce con los regalos más gravosos.

La disminución de comidas con los compañeros del trabajo, consecuencia de los IVAS crecientes y las facturaciones menguantes, evitará a quienes lo prefieran el mal trago de pasar unas horas anexo al higadillo de algún trepa, o, lo que es peor, teniendo que ingeniar coartadas escapatorias cada vez más sumarialmente endebles. El tijeretazo en el contingente de caramelos que los Reyes expiden a su paso por unas calles iluminadas solo hasta el voltaje políticamente correcto aminorará esas escenas ridículas de padres que esgrimen a empujones sus paraguas presos de una codicia tan amarga como impropia, así como los cuadros esperpénticos de quienes los devuelven con perversa intención.

En los tiempos de bonanza, los ciudadanos se topaban con la Navidad al regresar a sus casas tras ofrendar unas flores a sus seres queridos; en las épocas de planes especiales de salvación del euro, cuando hasta los rescatadores han de ser rescatados, ni siquiera el cumpleaños de la Constitución del 78, uno de los documentos más importantes de la historia reciente de España, consigue que algunas guirnaldas asomen entre naranjos y palmeras.

Toda vez que no se puede mirar mucho al bolsillo convendría aprovechar la coyuntura para atender a los ojos de los demás.


Francisco Lambea

Diario de Cádiz

11 de Diciembre de 2011

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