domingo, 7 de agosto de 2011

ANÁLISIS MARCIANO

Imagen de la exposición que compara los tamaños de ambos planetas.




Un paseo por la interesante exposición de La Caixa "Marte - Tierra, una anatomía comparada", que el Centro Cultural Alfonso X el Sabio acoge hasta el día 25, me ha suscitado algunos sobresaltos intelectuales.



Uno de ellos es la propensión que el género humano manifiesta por la conquista, entendiendo como tal el simple hecho de aposentar los juanetes sobre cualquier territorio antes no hollado. Dicho acomodamiento supone, de manera automática, un cierto desprecio por ese suelo ya no virgen, como demuestra el aire de superioridad colonial que se ofrenda a la presencia de la Luna, astro por el que ya sólo manifiestan cariño los poetas.



El gran enigma de Marte reside en que, desde que Galileo le echara el ojo, no existe constancia de que homínido alguno haya encajado allí los colores de una bandera, de que un semejante fijara una pica sobre esa retadora superficie de polvo rojizo, profiriendo saltitos sobre los cráteres al igual que Neil Armstrong, preso de una orgásmica conga selenita.



No deja de resultar ofensiva la obsesión de la especie por emprender viajes espaciales cuando cientos de millones de humanos terrestres anhelan que su mayor problema alimenticio se ciña al colesterol. Gran parte de la sociedad obesa especula sobre las hipotéticas protuberancias de los marcianos mientras muchos de sus escuálidos convecinos únicamente aspiran a coronar la proeza de mantenerse en pie sobre el planeta en el que nacieron.



La exposición de La Caixa me ha llevado a pensar cuán mezquinas resultan tantas actitudes de las que sostienen aquí, en una minúscula porción de ese Plan General infinito que es el Universo, en el que nuestro mundo se alza como inefable desarrollo sin planeamiento. Y, también, cuán necesario resulta ocuparse de las cosas verdaderamente importantes, logros como que ninguna persona muera de hambre o a consecuencia de una enfermedad para la que existe cura, actos de estricta justicia que empezarían a conseguirse, por ejemplo, si los hombres priorizaran el ordenamiento de su casa sobre la vanidad cósmica de las excursiones siderales.



Francisco Lambea


Diario de Cádiz


7 de Agosto de 2011

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