jueves, 6 de enero de 2011

INQUIETUD Y ESPERANZA

El cambio de año se adorna de señales que invitan más a la inquietud que a la esperanza, aunque volvemos a invocar la ilusión, ese supremo regalo de los Reyes Magos, a buscar la dulzura en las burbujas del champán: quizá sea preferible acometer el riesgo de equivocarse insistentemente que asumir el sinsabor de perder la fe en la condición humana.
La crisis económica, ese picudo rojo social, guarda también, en su tremenda realidad, una parte sicológica que habrá que espantar en lo posible. Entre tanta injusticia como conlleva la frialdad hierática de los números, y entre tanto absurdo con el que nos sorprende el devenir doméstico, destaca algún punto aislado de cordura: el gobierno pone en marcha una ley antitabaco cuyas normas cumplen con la suprema obligación de todo poder público, algo tan elemental como proteger la salud (que es igual que decir la vida) de los ciudadanos.
La luz se encarece, como corresponde a este periodo de sombras, mientras el horizonte prosigue llenándose de tercos molinos eólicos que, en la noche, semejan fantasmales árboles navideños y que, por lo visto, carecen de impacto medioambiental, ese concepto cuya relatividad se cifra en el origen público o privado de la iniciativa. Aumenta también el coste del butano, su tipismo de bombona al hombro: el tiempo se conforma en una sucesión de crecientes IPCS. Hay productos cuyo incremento de tarifa es tan natural como un 1 de Enero frente a los saltos de esquí de Garmisch – Partenkirchen o la interpretación de la marcha Radetzky por la Orquesta Filarmónica de Viena, mientras el realizador de la ORF se recrea con los palmoteos aristocráticos y los floripondios italianos de la Musikverein. Por subir, sube hasta la edad de jubilación.
2011 nos trae también las elecciones municipales. Aquí, en El Puerto de Santa María, una ciudad que sigue lejos de su auténtico potencial, acomplejada, herida por su consuetudinario cainismo, vislumbro una campaña más tensa de lo que algunos pronostican, una abstención de tristes dimensiones y un ejecutivo que dependerá, de nuevo, de los pactos.
Francisco Lambea
Diario de Cádiz
6 de Enero de 2011

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