jueves, 9 de diciembre de 2010

LOADA SEA LA NORMA

He echado en falta en El Puerto la diversidad de conferencias y tertulias que la conmemoración de la Constitución inspiró en años anteriores en centros lectivos y asociaciones de diversa índole, una circunstancia que me ha llevado a reflexionar que entre las mayores debilidades del espíritu se cifran la fragilidad de la memoria o la incapacidad para el agradecimiento.
El pasado lunes se cumplieron 32 años de una de las fechas más significativas de nuestra milenaria historia. Aquel día, el 87% de los votos de los españoles dio el sí a un texto que ha servido de soporte básico para consolidar un periodo de prosperidad nunca antes conocido. Buena parte de lo que hoy somos se lo debemos a la Carta Magna, un articulado cuya reivindicación se hace más necesaria por cuanto mayores son los ataques que recibe por parte del insolidario nacionalismo norteño.
Pese a sus errores puntuales (la cesión de las competencias educativas, utilizadas oportunistamente por el independentismo, o la primacía del varón en la sucesión de la Corona, un privilegio incomprensible) la trascendencia de la Constitución es tal que requiere un incansable esfuerzo divulgativo que debiera empezar por las propias corporaciones locales, en su calidad de institución más cercana al ciudadano.
En contra de lo que pueda parecer en estos tiempos movidos por la prisa, por el vertiginoso desarrollo de acontecimientos que no dejan de sorprendernos, casi siempre para mal, y que tienden a banalizar o desnaturalizar todo, lo obvio, lo cotidiano, debe ser ensalzado, para evitar el riesgo de que su voz primero se silencie, y finalmente perezca, entre peligrosas manifestaciones guturales: estos días, al menos estos, son idóneos para abrir un libro donde se despliega nuestra Constitución, ese edificio construido en momentos difíciles bajo una inteligencia hoy tan añorada, bajo un sentido de la concordia y la justicia que haría imposible comportamientos como los protagonizados por los controladores aéreos, cuyo incivismo ha alcanzado cotas generadoras de honda estupefacción.
Francisco Lambea
Diario de Cádiz
9 de Diciembre de 2010

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