jueves, 4 de diciembre de 2008

LA CONSTITUCIÓN

Estos días se hablará algo más de la Carta Magna que en otros años precedentes, pues nuestra sociedad, tan dada a las liviandades del marketing, gusta de detenerse en efemérides redondas (como si las cosas no fuesen importantes en sí mismas, con independencia de los números) y ese documento que, aun con sus ambigüedades, anacronismos e incumplimientos, constituye un texto fundamental en nuestra historia, cumple treinta.
La Constitución de 1.978 nos está procurando un largo periodo de paz y, pese a que éste no parezca el momento apropiado para referirlo, de prosperidad económica; por ello es fundamental explicarla y difundirla, como ocurre en muchos centros educativos de El Puerto, con participación de políticos y juristas, al igual que en tantos otros de España y se hace vital que su conocimiento alcance a más ciudadanos de aquellos que estrictamente opositan a un puesto en el sector público o cursan la licenciatura de Derecho.
El sábado, día festivo para muchos, es una jornada que puede emplearse para leerse la Constitución, por ejemplo, y así saber con propiedad de lo que se habla, en un país (no digamos ya una ciudad) donde agrada en exceso hablar de oídas o se practica el noble ejercicio de pronunciarse sin conocer, en el que la relajación democrática (gracias, por ejemplo, al texto que nos ocupa) provoca que se vote sobre el estatuto de autonomía sin haber ojeado siquiera el estatuto de autonomía (mejor no referirse a las disposiciones jurídicas europeas, para evitar mayor sonrojo).
Hace treinta años, en un día frío pero brillante de Diciembre, muchos españoles se acercaron a una urna con ilusión y recelo, al tiempo, sobre el futuro e introdujeron un sobre en ella que, en la inmensa mayoría de los casos, suponía un guiño a la esperanza, el deseo de superar un ayer cainita.
La Constitución es un libro que en muchos hogares duerme en el olvido de cajones ignotos, pero que debería exhibirse, orgulloso, como el ejemplo de un pueblo que, por encima de todo, quiso caminar hacia adelante.
Francisco Lambea
Diario de Cádiz
4 de Diciembre de 2.008

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