domingo, 3 de febrero de 2013

CIUDAD DE CULEBRONES


El Puerto de Santa María exhibe, entre otros títulos, el de ciudad de los cien culebrones. No dispongo del suficiente espacio para señalar tan alto número de referencias inconclusas, pero comentaré, siquiera, algunas.

El culebrón madre de todos los culebrones es, por supuesto, el PGOU, un culebrón genérico y enmarcador, del que, de algún modo, nacen casi todos los demás, como una suerte de culebrinitos. Así, por ejemplo, tenemos el Plan de Abastecimiento y Saneamiento Integral, PASI, otro acrónimo de naturaleza eterna. Por más canalones que se entierren en el subsuelo no hay forma de finalizar con este género de infraestructuras, una especie de pecado original de cada calle oriunda. En El Puerto diseñas una vía y, antes de que la rotules, ya tienes el PASI pendiente. Ahora hemos conocido que si no se acomete el susodicho Plan en la Cañada del Verdugo no podrán entregarse las llaves de las VPO que allí se construyen, una circunstancia especialmente grave en un término municipal que ha batido todos los récords negativos en la edificación de esta tipología de viviendas, de modo que hasta puede darse el caso de que, una vez los pisos se hayan finalizado, la economía de los adjudicatarios supere los requisitos que condujeron inicialmente a su derecho.

Otro culebrón es el del centro de salud Pinillo Chico, una dotación que llegó a contar incluso con asignación presupuestaria, pero que posteriormente vio cómo no se desarrollaba y acababa por desaparecer de los papeles, haciendo justicia a la condición culebronera de su epígrafe. 

La estación de autobuses constituye otro culebrón y, ya puestos, el traslado del Ayuntamiento a la Plaza Peral, un cambio que se demora tanto que ya es de temer que el edificio acabe por necesitar una segunda rehabilitación.

Justo es apuntar que algún culebrón ha sido resuelto en los caprichos del tiempo, como el de la variante, el tanatorio o el teatro, pero no hay que negarse a la evidencia: los culebrones encuentran aquí un terreno especialmente abonado, convirtiéndose en picudos rojos del progreso.

Francisco Lambea

Diario de Cádiz

3 de Febrero de 2013

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